La toráh
Las instrucciones de alimentación
«Para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer.»

«Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo (Tamé).»
¿Abolió Yeshúa el Levítico?
Uno de los argumentos más persistentes en la teología occidental es la idea de que Yeshúa abolió las instrucciones alimentarias entregadas en el Sinaí. Esta perspectiva sostiene que, bajo el Nuevo Pacto, las clasificaciones de Vayikrá (Levítico)11 ya no aplican y que todo tipo de animal es ahora apto para el consumo. Sin embargo, al examinar esta afirmación a través del lente hebreo de las Escrituras, descubrimos que esta interpretación está profundamente desconectada de la Toráh y de la verdadera identidad del Mashíaj.
La Raíz: Tahór (Limpio) y Tamé (Inmundo)
Para comprender la instrucción original de nuestro Padre, debemos ir a las raíces hebreas. La Toráh clasifica a los animales y alimentos en dos categorías: Tahór (טָהוֹר), que significa limpio o puro, y Tamé (טָמֵא), que significa inmundo o impuro.
Estas instrucciones fueron dadas al pueblo de Yisra’el para enseñarles a hacer distinción, a ser separados y consagrados en su vida cotidiana:
«Para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer.» – Vayikrá 11:47
El Problema: La «Letrina» y la Mala Traducción de Marcos 7
Para sostener el pobre argumento de que las instrucciones alimentarias fueron abolidas, a menudo se cita un pasaje de Mateo 15 (y su paralelo en Marcos 7), afirmando que «no es lo que entra por la boca lo que contamina al hombre» y concluyendo que todo lo que entra simplemente va a parar a la letrina. En algunas traducciones erróneas de Marcos 7, incluso añaden abusivamente la frase explicativa: («Con esto, Jesús declaraba limpios todos los alimentos»).
«¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.» – Mateo 15:17-18
Usar este pasaje para justificar comer cerdo o mariscos es una interpretación descontextualizada. Si leemos el capítulo entero, el debate de Yeshúa con los fariseos no era sobre cambiar la lista de animales de Vayikrá, sino sobre el lavamiento ritual de las manos antes de comer pan (una «tradición de los ancianos» que no está en la Toráh). El Mashíaj estaba enseñando que comer con manos sin lavar ritualmente no contamina el espíritu del hombre. Para un hebreo observante del primer siglo, un animal prohibido por la Toráh ni siquiera era considerado «comida», por lo que debatir sobre si se podía comer o no estaba completamente fuera de la mente de los oyentes.
El Malentendido de Hechos 10: La Visión de Pedro
Otra falsa doctrina muy común afirma que la visión del apóstol Pedro (Kéfa) en Hechos 10 canceló las instrucciones alimenticias. En esta visión, Kéfa ve un lienzo con animales inmundos y escucha una voz que le dice: «Mata y come». Kéfa, un judío observante, se niega rotundamente.
¿Cambió Elohím la dieta bíblica? De ninguna manera. El propio Kéfa explica el significado de su visión unos versículos más adelante:
«Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo (Tamé).» Hechos 10:28
La visión trataba sobre hombres, no sobre animales. El Eterno le estaba mostrando a Pedro que no debía llamar «inmundos» a los hombres de las naciones —el olivo silvestre que Él estaba injertando por gracia para formar parte de Yisra’el—. Usar este pasaje para validar el consumo de animales prohibidos es ignorar la propia explicación del apóstol.
El Criterio del Verdadero Mashíaj
Aquí llegamos al punto más crítico: si Yeshúa se desvió de las Escrituras o enseñó a quebrantar la Toráh, entonces pecó. Como ya hemos estudiado, el pecado Jatá (חָטָא) es literalmente «errar el blanco» y desviarse de la instrucción perfecta de Elohím. Si Él hubiera abolido Levítico 11, se habría descalificado instantáneamente como el Mashíaj sin mancha.
El Eterno le prometió a Moshéh cuál sería la señal inequívoca para identificar al verdadero profeta:
«Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mande.» (Devarím 18:18)
Yeshúa cumplió esta profecía a la perfección, confirmando que Él no vino a inventar nuevas doctrinas ni a abolir las instrucciones del Abba. Él mismo usó esta expresión para validar su ministerio:
«Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Abba que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.» (Juan 12:49)
El Mashíaj habló únicamente las Palabras de Aquel que lo envió. Por lo tanto, argumentar que Él abolió las instrucciones alimentarias es imposible. Él vino a enseñarnos a guardar la instrucción desde un corazón transformado, demostrando nuestra fidelidad al pacto incluso en las decisiones que tomamos todos los días en nuestra mesa.