La naturaleza del Eterno
Una de las barreras teológicas más grandes que existen hoy en día proviene de los acalorados debates sobre la naturaleza del Creador. Durante siglos, la teología occidental ha dividido a los creyentes en dos bandos principales: aquellos que defienden la «Trinidad» (tres personas coeternas distintas en un solo Dios) y aquellos que defienden la «Unicidad» (un solo Dios que cambia de modo o «máscara» según la época).
Ambas posturas, aunque intentan explicar un misterio divino, fueron construidas utilizando filosofía griega y razonamientos humanos. Para comprender verdaderamente quién es el Eterno y cómo se manifiesta, debemos abandonar estos conceptos occidentales y regresar a la raíz de la revelación en el Tanaj.
El Problema: Definiciones Ajenas al Pueblo
Cuando intentamos meter al Creador infinito dentro de una caja teológica inventada en Roma o Grecia siglos después del Mashíaj, inevitablemente perdemos la esencia de la Escritura. El pueblo de Yisra’el nunca debatió sobre «personas» o «sustancias» divinas, porque su entendimiento de Dios no se basaba en la filosofía, sino en la revelación directa y pactual que Él mismo les entregó.
La Raíz: Ejad (אֶחָד) – La Unidad Compuesta
La declaración más importante y definitoria de la fe hebrea se encuentra en Devarím 6:4, conocida como el Shemá:
La palabra hebrea traducida como «uno» en este mandamiento central es Ejad (אֶחָד). Si bien Ejad significa «uno», en el idioma hebreo no describe una unidad matemática singular o indivisible (como el número 1 aislado). Por el contrario, Ejad implica frecuentemente una «unidad compuesta».
Podemos ver este uso claramente desde el principio de las Escrituras:
- En B’reshit (Génesis) 1:5, la tarde y la mañana se unen para formar «un (ejad) día».
- En B’reshit 2:24, al hablar del matrimonio, el Eterno declara que el hombre y la mujer serán «una (ejad) sola carne». Dos individuos distintos unidos en un solo propósito y esencia.
- En Números 13:23, los espías trajeron «un (ejad) racimo de uvas». Es un solo racimo, pero compuesto por múltiples uvas individuales.
Si el Eterno hubiera querido presentarse como una singularidad absoluta e indivisible, la Toráh habría utilizado la palabra hebrea Yajíd (único o solitario). Pero al revelarse como Ejad, Él nos muestra que Su unidad es rica, plena y capaz de manifestarse de múltiples formas simultáneamente, sin dejar de ser Uno.
Las Múltiples Manifestaciones del Único Elohím
Comprender la unidad compuesta de Ejad nos permite resolver el «conflicto» teológico sin necesidad de inventar doctrinas humanas. El Eterno es un ser infinito que tiene la capacidad de presentarse delante de Su Pueblo exactamente según lo que el pueblo necesite en ese momento específico, sin dividirse en diferentes «dioses» o «personas» independientes. A lo largo de la historia de Yisra’el , Él se ha manifestado de formas asombrosas:
- Como el poder absoluto que trajo las maravillas (plagas) sobre Mitzrayim.
- Como el Ruaj (Viento/Espíritu) que abrió el Mar Rojo.
- Como El Mensajero (Ángel del Eterno) que guiaba a los patriarcas.
- Como El Capitán de los ejércitos celestiales.
- Como El Fuego consumidor que los guiaba de noche.
- Como La Nube de gloria que los cubría de día.
Yeshúa: La Manifestación para Salvación
Entender este principio de la unidad compuesta es vital para comprender la identidad del Mashíaj. Así como el Eterno se manifestó como fuego, nube o capitán en el pasado según la necesidad de la época, en el momento preciso de la historia, Él se manifestó para traer redención al hombre perdido.
Sin embargo, es crucial entender Su naturaleza: Yeshúa no es un humano común. Como lo revela la profecía de Daniel al describirlo viendo a uno «como un hijo de hombre» (del arameo Ki Bar Enash), Él es el Eterno encarnado. Es el Rúaj HaKódesh habitando en un cuerpo que, aunque creció en el vientre de una mujer, no posee la naturaleza caída ni pecaminosa del resto de la creación. Es un cuerpo semejante al humano, diseñado puramente para ser el recipiente perfecto de la Salvación.
Como establecimos en nuestro estudio anterior, para alcanzar al remanente, Él se ha manifestado como Yeshúa, cuyo nombre significa literalmente «Salvación». Como declara contundentemente Sha’ul:
«en Él reside corpóreamente toda la plenitud de la Deidad» (Colosenses 2:9).
Yeshúa no es un «segundo Dios», ni una deidad secundaria, ni un simple profeta. Él es la manifestación directa del Eterno. Concluir que Yeshúa es la Roca (HaTzúr) es completamente exacto, no porque sea un reemplazo, sino porque YHVH encarnado para traer salvación es la Roca sobre la cual nos sostenemos. Todas estas maravillas son las manifestaciones perfectas del único y majestuoso Creador: nuestro Elohím Ejad.

«Yeshúa les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. YHVH ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Elohím será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de Él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.» – Mateo: 21:42-44 (1 Pedro 2:7-8)
«Te alabaré porque me has oído, y me fuiste por Salvación. La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte de YHVH es esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos.» – Tehilím 118:21-23
