Las Raíces
B’rit (El Pacto)
«Porque esto es mi sangre del B’rit Jadasháh, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.»

Entendiendo el Compromiso
Una de las desconexiones más profundas al estudiar las Escrituras radica en cómo leemos y comprendemos la relación del Eterno con Su pueblo. Durante siglos, las traducciones occidentales han dividido la Biblia en el «Antiguo Testamento» y el «Nuevo Testamento». Sin embargo, esta elección de palabras ha distorsionado gravemente la naturaleza inquebrantable del compromiso de Elohím.
El Problema: La Visión Occidental del «Testamento»
En la mentalidad occidental y grecorromana, un «testamento» es un documento legal que entra en vigor únicamente cuando alguien muere, dictando cómo se repartirán sus bienes. Es un papel frío, transaccional, que puede ser modificado, revocado o reemplazado por un «nuevo testamento» en cualquier momento mientras el testador viva.
Leer las Escrituras bajo este lente nos hace creer erróneamente que el Eterno tenía un «contrato viejo» que fracasó, por lo que tuvo que inventar uno «nuevo» para otra gente. Esta idea es completamente ajena a la mente hebrea y a la fidelidad inmutable del Creador.
La Raíz: B’rit (בְּרִית) y el Acto de «Cortar»
Para entender el verdadero compromiso, debemos regresar al idioma original. La palabra hebrea para pacto es B’rit (בְּרִית). A diferencia de un contrato moderno o un testamento, un B’rit no se «firma»; un B’rit se corta. De hecho, la expresión idiomática bíblica exacta no es «hacer un pacto», sino Karat B’rit (כָּרַת בְּרִית), que significa literalmente «cortar un pacto».
El Ritual Antiguo: El Pasillo de Sangre
En el antiguo Medio Oriente, «cortar un pacto» era el compromiso más solemne y sagrado que dos partes podían realizar. El ritual consistía en tomar animales, partirlos por la mitad, colocar las partes una frente a la otra y crear un pasillo ensangrentado entre ellas.
Ambas partes caminaban por en medio de los animales muertos, pronunciando un juramento inquebrantable. Al hacer esto, estaban declarando de forma visual y gráfica: «Si yo rompo mi parte de este compromiso, que me suceda lo mismo que a estos animales. Que mi vida sea derramada». No era un simple acuerdo civil; era la fusión de dos vidas en una sola, donde las deudas, los propósitos y hasta los enemigos pasaban a ser compartidos.
El Compromiso Inquebrantable con Yisra’el
El ejemplo más poderoso y revelador de esto lo encontramos en el capítulo 15 de B’reshit (Génesis), cuando el Eterno corta un pacto con Abraham. El patriarca partió los animales por la mitad, pero cuando cayó el sol y un profundo sueño se apoderó de él, fue únicamente Elohím (representado por un horno humeante y una antorcha de fuego) quien pasó por en medio de los animales divididos.
«Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se dejó ver un horno humeante y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos. En aquel día hizo (Karat – cortó) YHVH un pacto (B’rit) con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra…» (Génesis 15:17-18)
El Creador asumió toda la responsabilidad del pacto sobre Sí mismo. Estaba declarando que Su compromiso con Abraham y con Su descendencia (la Casa de Yisra’el) sería eterno, garantizándolo con Su propia existencia.
Cuando Yeshúa levanta la copa y habla de «Mi sangre del pacto», no está instituyendo una religión nueva que desecha la anterior. Está llevando el B’rit original a su cumplimiento máximo. Él pagó la deuda de nuestra desobediencia para que, al nacer de nuevo, podamos hacer Shúv, volver a Sus mandamientos y ser injertados en este mismo compromiso eterno que nunca fue revocado, sino renovado y escrito en nuestros corazones.
«Porque esto es mi sangre del B’rit Jadasháh, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.» (Mateo 26:28)

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