
«Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto… Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.»
El Problema: La Confusión sobre Su Primera Venida
Una de las mayores interrogantes que ha llevado a muchos a dudar del mesianismo de Yeshúa es: ¿Por qué no destruyó al Imperio Romano ni estableció Su reino de paz mundial en el primer siglo? La expectativa popular en la época del Segundo Templo era la de un libertador político y militar inmediato. Al ver a un Mashíaj padecer y morir en un madero, muchos tropezaron, asumiendo que había fracasado. Sin embargo, esta confusión nace de no comprender el cuadro completo revelado en las Escrituras.
La Raíz: Dos Misiones Distintas en el Tanáj
Cuando escudriñamos los profetas, descubrimos que no describen a dos Mesías diferentes, sino a un solo Mashíaj con dos misiones distintas, manifestadas en dos tiempos diferentes. Estas dos facetas o perfiles proféticos son conocidos en el estudio hebreo como Mashíaj Ben Yoséf (Hijo de José) y Mashíaj Ben David (Hijo de David).
Mashíaj Ben Yoséf: El Siervo Sufriente
El primer perfil profético debía cumplir la misión más urgente: pagar la deuda de nuestra desobediencia y reconciliarnos con el Abba. La vida del patriarca Yoséf (José) en Mitzrayim es la sombra profética perfecta de esta primera venida. Al igual que Yosef, el Mashíaj fue rechazado y no reconocido por sus propios hermanos en un principio; descendió a la humillación, sufrió injustamente, pero finalmente fue exaltado para convertirse en el Salvador y sustentador de su pueblo y de las naciones.
Es bajo este perfil que Yeshúa cumplió a la perfección las profecías de Isaías 53. Él vino como el siervo sufriente que entregó su vida para traer redención y hacer posible el Shúv (retorno) de Su pueblo.
«Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto… Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.» — Yeshayahú (Isaías) 53:3-5

El Misterio del Tiempo Intermedio: La Profecía de Miqueas
Justo después de profetizar que el Gobernante de Yisra’el nacería en Beit Léjem, estableciendo Su origen, el texto revela un asombroso compás de espera:
«Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Yehudáh, de ti me saldrá el que será Señor en Yisra’el; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.» — Mijá 5:2
E inmediatamente después, el versículo 3 explica maravillosamente el plan divino. Tras Su primera venida como Ben Yoséf para efectuar la redención, el Mashíaj «los dejaría» por un tiempo determinado:
«Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los herederos de Israel.» — Mijá (Miqueas) 5:3
Él sería quitado de la escena visible temporalmente para permitir que se complete la obra de dar a luz y reunir al remanente, preparándonos para Su glorioso retorno.
Mashíaj Ben David: El Rey Conquistador
Las profecías de victoria, la destrucción de los imperios opresores y el establecimiento de la paz no fallaron; simplemente pertenecen a Su segunda misión. Cuando los cielos se abran, Yeshúa no regresará en el rol de Ben Yoséf (el cordero inmolado), sino que se manifestará en todo Su esplendor como Mashíaj Ben David: el Rey conquistador de la tribu de Yehudáh.
«Después volverán los hijos de Yisra’el, y buscarán a YHVH su Elohím, y a David su rey; y temerán a YHVH y a su bondad en el fin de los días.» — Hoshéa 3:5
Él vendrá como el Juez Supremo y el Meléj (Rey) para derrotar a sus enemigos, juzgar a las naciones y gobernar con absoluta justicia sobre toda la tierra.
«Y YHVH será rey (Meléj) sobre toda la tierra. En aquel día YHVH será uno (Ejad), y uno su nombre.» — Zejaryáh 14:9

A la espera del Gran Día…
El entendimiento de estos dos perfiles nos demuestra que el plan de Elohím es exacto y perfecto. El Siervo ya pagó nuestra deuda; ahora, como Su asamblea lavada por Su sangre, aguardamos el cumplimiento de la segunda etapa. Esto nos lleva ineludiblemente a la mayor esperanza y, a la vez, al evento más solemne de todas las Escrituras, donde el Rey tomará Su trono definitivo: El Día del Eterno.