La Toráh

Observando los Mo’adím en la Dispersión: Haciendo Shúv con un Corazón Dispuesto

«Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a YHVH, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos los sacrificios de nuestros labios.»

Haciendo Shúv con un Corazón Dispuesto

A medida que avanzamos en el estudio de las raíces de nuestra fe y el velo de la teología occidental es retirado, una realidad gloriosa inunda nuestro entendimiento: el Eterno tiene un calendario, y Sus Citas Divinas (Mo’adím) no han sido abolidas. Como creyentes que hemos nacido de nuevo y hemos sido injertados en el olivo natural de Yisra’el, nuestro mayor anhelo es hacer Shemá —escuchar y obedecer— la voz de nuestro Abba.

Sin embargo, al acercarnos a la Toráh para guardar estas instrucciones, nos encontramos de frente con una barrera histórica y física innegable.

La Realidad de Nuestro Exilio 

Al leer las instrucciones de Vayikrá y Devarím, vemos mandamientos específicos que requieren estar en la tierra de Yisra’el, la existencia de un Templo físico (Mikdásh) en Yerushalayim, y el ministerio activo de los Kohaním (sacerdotes levíticos) presentando los sacrificios (Korbanót).

Hoy, el remanente de Yisra’el se encuentra disperso entre las naciones. No tenemos un Templo físico en la tierra, ni un altar, ni un sacerdocio levítico oficiando. Ante esta realidad, surge la gran pregunta: si no podemos cumplir el 100% de los mandamientos relacionados con los Mo’adím tal como están escritos, ¿qué debemos hacer? ¿Debemos ignorarlos por completo, como enseña la dogmática religiosa, argumentando que «si no puedes hacerlo todo, ya no aplica»?

«Porque muchos días estarán los herederos de Yisra’el sin Mélej, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines. Después volverán los herederos de Yisra’el, y buscarán a YHVH su Elohím, y a David su Mélej; y temerán a YHVH y a su bondad en el fin de los días.» — Hoshéa 3:4-5

La respuesta profética es clara: el cese temporal del servicio del Templo no anula el pacto ni la obediencia del pueblo. La respuesta del remanente no es el abandono de la instrucción, sino el retorno (Shúv). Hacemos lo mejor que podemos con los recursos, el conocimiento y las circunstancias que tenemos, confiando en la gracia de nuestro Rey.

El Precedente Bíblico: El Rollo Encontrado y el Corazón de Yoshiyáhu 

Para entender cómo el Eterno ve nuestra obediencia imperfecta pero con un corazón circuncidado, debemos mirar uno de los eventos más conmovedores del Tanáj. Durante generaciones, la Casa de Yehudáh se había alejado de las instrucciones del Creador. Habían adoptado el paganismo, el Templo estaba en ruinas, y la observancia de los Mo’adím había sido olvidada casi por completo.

Pero durante el reinado del rey Yoshiyáhu (Josías), mientras limpiaban el Templo, el Sumo Sacerdote encontró el rollo de la Toráh escondido entre los escombros. Cuando el rollo fue leído delante del mélej, él no puso excusas. No argumentó que era «demasiado tarde» o que el pueblo estaba «demasiado lejos» de la santidad original. Yoshiyáhu rasgó sus vestidos, humilló su corazón e inmediatamente hizo Shúv.

«Entonces el mélej mandó reunir a todos los ancianos de Yehudáh y de Yerushalayim… y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de YHVH. Y poniéndose el mélej en pie junto a la columna, hizo pacto delante de YHVH, de que irían en pos de YHVH, y guardarían sus mandamientos… con todo su corazón y con toda su alma.» — 2 Reyes 23:1-3

A pesar de décadas de paganismo y lejanía, el rey ordenó que se celebrara Pésaj según lo escrito en el rollo. ¿Fue una conmemoración perfecta con sacerdotes que habían estado puros toda su vida? No. ¿Tenían todos los recursos de la época del rey David? Tampoco. Era un pueblo saliendo de la oscuridad, haciendo lo mejor que podían con la revelación que acababan de recuperar.

«No había sido celebrado Pésaj tal desde los días en que los jueces gobernaron a Yisra’el, ni en todos los días de los reyes de Yisra’el y de los reyes de Yehudáh… Y no hubo otro rey antes de él, que se convirtiese (Shúv) a YHVH de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la instrucción (Toráh) de Moisés.»— 2 Reyes 23:22, 25

El Eterno no rechazó su obediencia por no ser impecable; Él miró el corazón de un pueblo que, tras descubrir la verdad, decidió someterse a ella. Hoy, nosotros somos como esa generación. Hemos encontrado el «rollo de la Toráh» después de siglos de tradiciones paganas y dogmas eclesiásticos que lo habían escondido. Y al igual que Yoshiyáhu, nuestra respuesta debe ser limpiar nuestra casa, rasgar nuestro corazón y comenzar a obedecer con lo que tenemos en nuestras manos.

Los Frutos de Nuestros Labios 

Si no podemos ofrecer sacrificios porque no hay Templo, ¿cómo nos presentamos en los Mo’adím? El profeta Hoshéa nos da la clave para el tiempo del exilio. Cuando no hay un altar físico, el Creador nos pide que traigamos nuestra obediencia, nuestra adoración y nuestro arrepentimiento.

«Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a YHVH, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos los sacrificios de nuestros labios.» — Hoshéa 14:2

No invalidamos el mandamiento, simplemente lo observamos en la capacidad que nuestra realidad actual nos permite. Si el mandamiento exige reposar, reposamos. Si exige comer pan sin levadura, quitamos la levadura de nuestras casas. Si exige afligir el alma en Yom HaKippurím, ayunamos. Si exige construir una Sukkáh, armamos una cabaña en nuestro patio o sala. Cumplimos con la parte del mandamiento que sí está a nuestro alcance, sabiendo que Yeshúa, nuestro Kohén HaGadól(Sumo Sacerdote), intercede por nosotros en el santuario celestial, cubriendo con Su sangre y Su gracia lo que a nosotros nos falta físicamente.

Ensayando para el Reino (Mikrá Kódesh) 

Debemos recordar constantemente que los Mo’adím son una Mikrá Kódesh, una santa convocación que también se traduce como un «ensayo». Cuando un grupo de actores se prepara para una gran obra, comienzan a ensayar meses antes. Durante esos ensayos, no tienen el teatro oficial, ni las luces perfectas, ni el vestuario definitivo. Ensayan en un salón vacío con ropa de diario, pero lo hacen con reverencia porque saben que el gran día del estreno se acerca.

Nosotros estamos ensayando. Celebrar los Tiempos Señalados (Mo’adím) en la dispersión, lejos de la tierra de Yisra’el y sin el Templo físico, es nuestro ensayo general. No tenemos todos los elementos, pero seguimos practicando los pasos del pacto porque sabemos que el Director de la obra está por regresar.

«Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos… Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.» — Devarím 30:11, 14

La Evidencia de una Naturaleza Transformada 

No formamos parte de ningún grupo religioso ni de ninguna denominación; somos parte del remanente de Yisra’el volviendo a la obediencia de Aquel que nos rescató. Observar los Mo’adím en nuestra capacidad actual no es un intento de salvarnos por nuestras propias obras, ni una obsesión legalista por el perfeccionismo. Es el latido natural de un corazón que ha sido circuncidado.

Hacemos lo mejor que podemos porque amamos al Mélej que nos dio la ciudadanía. Celebramos Sus Mo’adím en nuestros hogares, en medio de las naciones, como una declaración profética al mundo y a las huestes celestiales de que no hemos olvidado quiénes somos, y de que aguardamos con Emunáh el día glorioso en que nuestro Mélej establezca Su reino, reconstruya Su casa, y celebremos finalmente estos Mo’adím junto a Él en Yerushalayim.

Serie: El Ciclo de los Mo’adím

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