
«El Padre» y «El Hijo»: Comprendiendo la Plenitud de la Deidad
Uno de los conceptos más profundamente distorsionados por la mentalidad occidental y grecorromana es la relación entre «El Padre» y «El Hijo». Cuando en occidente leemos estos términos, inmediatamente proyectamos nuestra comprensión biológica humana: un padre que engendra a un hijo dependiente, creando una jerarquía donde el hijo es una entidad separada, posterior y subordinada.
Sin embargo, para entender la verdadera naturaleza del Mashíaj, debemos abandonar este lente occidental y regresar al pensamiento hebreo del Tanáj.
Abba: La Fuente de Todo
Cuando Yeshúa clamaba a Elohím llamándole Abba (אַבָּא), no estaba describiendo a un progenitor biológico. En el pensamiento hebreo, «Padre» significa «La Fuente», «El Origen» o «El Sustentador». Es el medio del cual todo proviene y por Quien todo es hecho. Llamar al Eterno «Padre» es reconocerlo como la fuente inagotable de toda la creación y la autoridad suprema del universo.
«Para nosotros, sin embargo, solo hay un Elohím, el Abba, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Yeshúa el Mashíaj, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.»(1 Corintios 8:6)
Ben: El Heredero y Portador de la Autoridad
El conflicto teológico se resuelve al comprender la palabra hebrea para hijo: Ben (בֵּן). Esta palabra proviene de la raíz banáh, que significa «construir». Un Ben no es simplemente un dependiente biológico; es el constructor del linaje, el heredero legítimo y el portador exacto de la autoridad y el Nombre de la Fuente (el Padre).
Esto se revela claramente en la promesa profética que el Eterno le hizo al rey David acerca de Aquel que vendría a sentarse en su trono para siempre:
«Yo le seré a él Abba (Padre), y él me será a mí Ben (Heredero/ Portador)… y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.» (2 Samuel 7:14, 16)
El Salmo 2 confirma este decreto divino. Cuando el texto dice «Mi Ben eres tú; yo te engendré hoy» (Salmo 2:7), no está hablando de un nacimiento biológico en el cielo, sino de un decreto de entronización. Está declarando públicamente que el Mashíaj es el Portador Oficial de la autoridad del Eterno sobre las naciones.
La Naturaleza de Yeshúa: La Manifestación del Eterno
Al comprender que Ben significa «el Portador de la Autoridad» y Abba «La Fuente», entendemos la verdadera naturaleza de Yeshúa. Él no es un simple ser humano exaltado, ni un dios menor creado por el Abba. Yeshúa es la manifestación visible, tangible y corpórea del Eterno mismo irrumpiendo en Su creación.
«Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.» (Colosenses 2:9)
Cuando Yeshúa caminó entre nosotros, Él era la Fuente (Elohím) manifestada en la forma del Heredero (Ben) para poder llevar a cabo la obra de redención. Por eso Yeshúa podía declarar con absoluta autoridad: «El que me ha visto a mí, ha visto al Abba» (Juan 14:9). No son dos deidades distintas; es el Único Elohím de Yisra’el manifestándose a una humanidad perdida que necesitaba desesperadamente salvación.
Esta verdad absoluta es confirmada de manera magistral por la revelación dada a Yehojanán (Juan) en Apocalipsis 1. Allí, el Mashíaj glorificado se presenta usando un título que en el Tanaj le pertenece de forma exclusiva al Eterno: «Yo soy el primero y el último» (Isaías 44:6). E inmediatamente después, añade el hecho innegable de Su obra redentora:
«Y el que vive, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos.» (Apocalipsis 1:18)
Es la Fuente misma quien, manifestada en carne, experimentó la muerte para pagar la deuda de nuestra desobediencia y resucitó para darnos vida eterna.
El Retorno del Juez y Meléj
En Su primera venida, la Roca se manifestó como el siervo sufriente para pagar nuestra deuda. Pero las Escrituras son claras en que esta misma manifestación visible del Eterno volverá. Cuando los cielos se abran, Yeshúa no regresará en el rol del siervo, sino como el Meléj (מֶלֶךְ) absoluto y el Juez Supremo de toda la tierra.
«Y YHVH será rey (Meléj) sobre toda la tierra. En aquel día YHVH será uno, y uno su nombre.» (Zacarías 14:9)
Aquel día, toda rodilla se doblará, y el mundo entero comprenderá que el Hijo (el Portador) y el Padre (la Fuente) son Ejad (Uno). Yeshúa es el Eterno mismo, reinando con justicia y verdad sobre Su pueblo redimido.
